De Visita

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Después de un mes de largas esperas en el teléfono con Yurdaris, tratando de concretar una cita en mi E.P.S de confianza, pude por fin ver a un doctor, mejor dicho a un médico, porque en estos días, sobre todo en este país, a cualquier pelagato le dicen doctor, incluso a mi.

Una vez en la E.P.S me tocó hacer dos cosas que es inevitable no hacer en cualquier establecimiento público: Primero: hacer fila; para todo hay que hacerlo, para reclamar el ficho, para preguntar dónde se reclama el ficho, y para entregar el ficho. Y lo segundo es esperar, es imposible no hacerlo, por eso existen lugares llamados “Sala de Espera”, en un lugar con ese nombre qué mas puede hacer uno? Un sitio donde nunca hay las sillas suficientes para todos los que están esperando, y donde de 100 revistas que hay, solo una es interesante, pero siempre la tiene alguien distinto a uno. Las demás son todas sobre medicina o la edición de Mayo del 81 de Cosmopolitan. Si usted está interesado en saber como era la moda en los 80’s o quiere saber cual era el chisme del momento en los 70’s no investigue en Internet, no vaya a una biblioteca, en cualquier sala de espera de cualquier clínica u hospital del país, encontrará toda la información que necesita.

No habiendo más nada que hacer, me tocó ojear la revista especializada en elementos quirúrgicos para la extirpación de glándulas cancerígenas, aunque lo que realmente estaba haciendo es otra cosa, uno siempre se hace el que está leyendo, pero el ojo está por encima de la revista tratando de adivinar que tienen los que están a tu alrededor: -Este está peor que yo, que cara tiene el pobre… no y esta señora si no pasa de hoy, y yo quejándome.

De repente suena por los parlantes mi nombre, cuando eso pasa uno se siente importante, y mira a los demás por encima del hombro, caminando con prepotencia como si fuera a reclamar un Oscar o un diploma, creyendo que ya va a ver al médico, pero nada, simplemente te encierran en una sala de espera más pequeña, y lo peor es que ya ni siquiera tienes la revista de las glándulas para distraerte.

Media hora mas tarde de una cita que se suponía que era a las 8:00 a.m. y a la cual había que llegar 20 minutos antes, ya eran las 8:45 a.m. y no me habían atendido. Los médicos son felices haciéndolo esperar a uno, yo creo que cuando están en plena carrera, parte de su plan de estudio son las materias “Sala de espera 01” y “Sala de espera especializada: como impacientar al paciente”.

Por fin volvieron a decir mi nombre, por fin ya iba a ver al médico, y lo primero que te dicen es que te bajes los pantalones, ni siquiera saben para que fuiste a la cita, pero te toca bajarte los pantalones. Creo que lo hacen para que uno diga la verdad, uno casi siempre dice la verdad cuando esta sin pantalones. Y comienza la rutina del examen, estetoscopio en el pecho, respire profundo, otra vez, tosa, otra vez, estetoscopio en la espalda, respire profundo, otra vez, tosa, otra vez, diga 33.
Listo, con eso ya el médico sabe hasta el día de tu muerte, claro que si no es en los próximos 6 meses no te lo dice, después sacan un papelito y te dan la solución a tus problemas con una escritura que parece venir de otro planeta que sólo es descifrable por ellos y los farmacéuticos. Para ellos la solución siempre viene en un frasquito.

A la final salí igual que como entre, o mentiras yo creo que peor. Ir al médico es como pasar por la aduana, siempre te quitan los cigarrillos, el alcohol y además te cobran por hacerlo.