Un día, hace ya un par de meses atrás, descubrí en Internet la receta para preparar las famosas "buffalo wings" o alitas picantes; intenté varias veces hasta que encontré el sabor que andaba buscando y como era de esperarse abuse de su consumo, y más aún a la parte de la receta donde decía, "añade ají picante al gusto". Este exceso de condimentos sumados a un cuerpo de 34 años no combinó muy bien, y la única forma en que mi organismo me lo hizo saber fue con una inflamación en el colon, y un estreñimiento de 2 semanas que me tenían, literalmente, lleno de mierda.
Como una vaina lleva a la otra, un fin de semana, días después, mi colon, que ya más que irritado estaba emputado, explotó en un grito desesperado que incluía hernia, trombosis y un principio de hemorroides.
Nada que hacer, a urgencias.
Como me quede sin trabajo días antes, no contaba con salud prepagada, así que me tocó ir al hospital universitario de medellín.
Para que se ambienten un poco, recuerden una escena de esas de Discovery Channel donde llegan personas con un machetazo en la cabeza, el otro atropellado y alguien con un balazo. Esto era una vaina así, pero al cuadrado. Cuando yo vi todo eso el dolor en mi culo desapareció por varios segundos, entrando en un trance que me anestesiaba, y más aún cuando en el fondo, en medio de todos esos gritos y manchas de sangre, apareció la doctora más linda que había visto. De esas que uno solo ve en novelas o películas porno.
No se si fue el llegar caminando por mi cuenta, sin ningún signo notorio de bala, amputación o parecido, o simplemente el verme con ropa limpia y organizada, pero la doctora vino directo a mi a preguntarme que me pasaba. Con una extraña sensación de tener que hablarle a una mujer sobre mis partes íntimas sin ninguna gota de alcohol en mi cuerpo, le expliqué mi versión de los hechos.
En un hospital donde lo más sencillo que atienden es un tiro de bala en una pierna, el que llegara una persona con "algo extraño allá abajo" era una forma de romper con la monotonía, y de pronto algo que los primerizos doctores no habían tratado en forma regular.
Todo esto se reafirmó, cuando la bella doctora me pasó a un cuarto del fondo, en donde una fría camilla me esperaba, y en donde apenas entré, sin tapujo algúno, ella me dijo, -bájate los pantalones.
No tienes un roncito por ahí? Le pregunté. Pero ella con una risita, me dijo; no te de pena que yo estoy acostumbrada. Cerré los ojos y me los quité (los pantalones). Mis nalgas blancas y peludas quedaron al aire, y depronto sentí sus manos cubiertas en látex, abriéndose campo entre ellas hasta que mi tercer ojo por fin vió la luz.
No se que le causo impresión, pero de inmediato salió del pequeño cuarto, dejándome ahí solo, en posición fetal y más preocupado que como entre. Al momento cuatro mujeres más, dos jóvenes con el pelo engominado y un señor al que sí se le podía decir doctor, entraron a ver el espectáCULO que estaba dando. El señor al que se le veía la experiencia se sentó a espaldas mías, y empezó con una violación patrocinada por mi silencio. Al mismo tiempo que le daba una clase a los jóvenes estudiantes de medicina, que me imagino se llamó: Anales de la historia Alexandriana.
Allí estaba yo, acostado y semi desnudo, frente a un doctor que le explicaba a sus estudiantes como extirpar una trombosis en un colon inflamado, en donde mi ano era el pizarrón de clases.
No habían pasado ni 15 minutos desde que entré al hospital y ya la clase estaba por terminar. Todo fue igual de rápido que traumático. Pero el alivio del resultado borró todo lo anterior. A la final fue saliendo cada uno de los estudiantes de la sala, igual que el profesor médico, quien le daba unas instrucciones finales a la doctora hermosa.
Quedamos nuevamente ella y yo, y con igual frialdad que como empezamos, me dice -ya te puedes subir los pantalones. Mientras yo hacía eso ella me explicó mil recomendaciones que tenía que seguir y anotaba en varios papelitos todo lo que yo debía hacer. Ya en ese momento no existía pena, ni vergüenza, solo el alivio de sentarme... perdón, de sentirme bien. Tanto que en el momento en que ella me entregó las notas, y me preguntó que si tenía alguna pregunta, sólo púde decirle: ¿me regalas tu Facebook?
Twitter
Facebook
3 comentarios: (+add yours?)
jajajajajaja que bueno
Hahahahaha! Pobre culito que tuvo sus 15 MINUTOS de fama en ese Hospital! Y el FB de la Doc? Te lo dió???
Excelente primo, parece crónica de MacCausland con el toque de tu papá.
Como dijo el otro comentario, y el face de la doc, me lo puedes copiar por favor?
Publicar un comentario